Metzger

Nombre:
Edad: 15.
Altura: 1,72
FC: Shikanoin Heizou (Genshin Impact)


Historia

Cualquiera podría pensar que ser el hijo de un militar retirado de guerra podría ser una virtud o algo "afortunado" por diversas razones, pues significaría que su familia, en teoría estaría bien posicionada ya sea económicamente o con valores respetables; sin embargo, en este caso... no había nada más lejos de la realidad.En el pasado, su padre tenía una familia decente y normal hasta que el accidente por el cual terminó retirándose, ocurrió. Como todo aquel que sufre esos eventos traumáticos en el campo de batalla, los traumas con los cuales ese hombre regresó le impidieron continuar con una vida sana y normal provocando el divorcio y la separación de su tan querida familia al verse incapaz de mantenerla. Cayendo de cabeza en la depresión y los malos pasos, encontró un mundo que, por alguna razón, le interesó. El mundo del tráfico de diversas materias primas, drogas, personas, cuerpos, órganos y un sinfín de ilegalidades más, ¿tal vez la secuela de sus traumas terminó atrayéndolo a ese lugar? era lo más probable.
Fue allí donde conoció a su nueva pareja, con quien comenzó a formar un negocio de esa índole, teniendo el poder y el dinero de un militar retirado, no le fue difícil mantenerse oculto bajo los ojos de la ley teniendo los fondos suficientes para financiar todo lo que necesitaran, en un principio costó, mas como todo "negocio", las ganancias fueron exponencialmente tentadoras como para detenerse.
Años habían pasado hasta que por azares del destino, ambos terminaron teniendo, lo que para muchos; era una bendición... lástima para aquel ser que de nuevo, en este caso, era todo lo contrario. La mujer no podía estar más desinteresada en tener un hijo y el hombre, por alguna razón, conforme el bebé iba creciendo, le tomó un odio inmenso. La razón parecía ser más simple de lo que parece y es que su existencia no hace más que recordarle a la familia que tuvo en el pasado, los hijos que hoy en día era incapaz de ver siquiera por fotografía... desde el inicio, fue un bebé no deseado ni querido en lo absoluto para su mala suerte y la repercusión de aquello, pronto le golpearía. Al ser un niño no querido, jamás lo vieron siquiera como una persona, el padre dio la idea de usarlo como un objeto, una fuente de ingresos y la madre, no se negó en lo absoluto.
Ya estaban sumergidos en lo más profundo de lo podrido del mundo y por ende, no fue difícil encontrar a personas, hombres que buscasen satisfacer sus absurdas necesidades con el cuerpo de un niño. Solo por la inmensa cantidad de dinero que dejaba, incitó a esa pareja a seguir vendiendo al pobre infante a saber cuanto hombre en solo un día.
Pasaba gran parte del tiempo con la garganta destrozada incapaz de emitir un sonido casi de lo fuerte que solía gritar cada vez que era vendido, su llanto era incesante, jamás entendió, en un principio para una mente como la suya; qué era lo que ocurría más allá del apabullante dolor. Conforme iba creciendo, las pataletas que hacía se hacían cada vez más molestas para aquellos que lo compraban así que la aplicación de drogas, no tardó en ser la solución. Al menos, en un principio, tuvieron cuidado de administrar una cantidad suficiente para dejarlo casi inconsciente.
Esa fue su vida los primeros años, ser vendido y tratado como un objeto único para satisfacer a otros y conseguir dinero. Sin embargo, a la edad de entre cuatro y cinco años, su "padre" comenzó con un extraño plan.
Como un militar de guerra retirado, tenía cierta obsesión con la guerra, la pelea, la sangre, la muerte... creía que esa cosa al haber salido, en parte; de él, debería tener talento como soldado y por ende, inició su retorcida idea de convertirlo en una "arma perfecta".
¿Era posible entrenar a alguien de cinco años?... en lo absoluto, se la pasaba en el suelo o sangrando debido a los golpes que recibía, llorando también, era realmente un llorica como todo niño. De forma inconsciente, rogaba a dios día y noche por el final de su "sufrimiento", ¿cómo es posible que supiera el significado y la palabra dios cuando no recuerda haberla oído por ahí?... siempre era lo mismo, despertaba, era vendido, luego volvía, "entrenaba" hasta el borde de la muerte y repetía, no obstante; por más que le pedía o rogaba a dios por su misericordia, jamás vio siquiera un rayo de luz o respuesta de su parte.
Fue ese hombre el que también se encargó de "educar" en parte a ese niño, le enseñó a leer y escribir, pero tampoco en eso se salvaba de ser algo más suave, todo lo contrario, si no aprendía a una buena velocidad o se equivocaba en algo, los golpes o castigos no tardaban en atormentarlo.
Expuesto a primera mano a todo lo que hacían, al abuso, a las drogas... tanto, que poco a poco parecía perder la sensibilidad de lo que ocurría a su alrededor, en un principio vomitaba cada vez que veía la trata de personas o ver tan de cerca como abrían cuerpos para sacar órganos y todo aquel proceso, pero conforme el tiempo y los años pasaban; ese asco o pudor desaparecía al punto de no vomitar, al punto de no desviar su mirada y hasta encontrarlo "normal".
Lo único que lo hacía vomitar ahora era... las increíbles palizas que recibía de su padre con la excusa de seguir creando o formando la "arma perfecta".
Aquel hombre pronto se dio cuenta de una cosa, ese niño aprendía con rapidez gran parte de todo lo que le enseñaba, ya sea leer o escribir, si bien era imposible que le ganase en una pelea, la respuesta a sus reflejos si que era notoria. ¿Será que tal y como pensaba, tenía talento o era el trabajo bajo presión?...
Pese a ello, su estilo de vida nunca cambió. Por la mañana tenía "clases", luego por la tarde entrenaba y por la noche, era puesto a la disposición de los hombres y las drogas. Así pasaron los años hasta cumplir 8.
Sin duda el niño sin nombre tenía una especie de talento o era un genio, pues el conocimiento era absorbido de un modo increíblemente rápido, leer y escribir, pese a no asistir a la escuela, aprendía más rápido de lo que debía. Si bien seguía siendo incapaz de derribar a ese hombre en una pelea en su camino hacia convertirse en la arma perfecta, tal y como lo llamaba, las palizas que recibía no lo dejaban al borde de la muerte como antes.
Parecía una muñeca sin alma alguna, solo abría los ojos cada mañana para seguir la rutina impuesta tras tantos años, ¿las drogas siquiera hacían efecto cuando era vendido?... era incapaz de saberlo, simplemente no sentía, era imposible saber si su cuerpo ya había generado algún tipo de resistencia luego de tantas drogas que le fueron suministradas al punto de acostumbrarse cual adicto a las sustancias.
Todo no acabaría ahí, pues ese hombre en busca de su objetivo, sabía que debía eliminar todo rastro de humanidad que pudiera tener su futura arma e ideó un plan para asegurarse de cumplirlo. Descubrió que de entre tantos libros que leía, había uno en específico que hablaba sobre las relaciones humanas y la amistad, era lo normal... ¿verdad? si bien tenía ocho años, jamás conoció a otro niño de su edad y mucho menos, formó lazos amistosos y por ende, se interesó y leyó sobre los mismos.
Un día en específico, su padre lo llevó a una sala de las instalaciones que ocupaban como organización y allí, se encontraban varios niños, sumándose él, eran quince. Los hicieron socializar por varios meses comprobando el temor del padre, si bien parecía una muñeca sin sentimientos, al verse expuesto en el ambiente que debería, junto a otros niños de su edad, la humanidad o sentimientos del chico salieron a flote, la timidez, la vergüenza de acercarse a otros, relacionarse... sentía curiosidad de que todos tenían un nombre y que al preguntarle a él, no supiera como responder, al ser un hijo no deseado, jamás le dieron siquiera un nombre o apodo.
Esos niños fueron su fortaleza, sabía que en algún momento del día volvería a reunirse con ellos, debía soportar el entrenamiento y el abuso por la noche y ya en el otro día, se juntaría con sus amigos olvidando todo lo demás. Había uno de ese grupo de niños que se preocupaba bastante por su persona, aparentemente ellos no sabían porqué estaban allí ni mucho menos, pero aquel siempre le preguntaba como estaba, lo invitaba a jugar, charlar, un chico inocente y amable que tampoco merecía estar allí y que también; se convirtió en su refugio.
No todo sería color rosa lamentablemente; pues todo aquello formaba el plan de su "padre" para eliminar cualquier rastro de sentimientos. Tras reunirlos en un nuevo día, la noticia del nuevo juego fue dada... "el último en pie, ganaría". En un principio todos se miraron con confusión, no obstante, en las mesas dejaron un cuchillo para cada uno. Pensó que eran chicos que no sabían nada, pero la realidad era diferente una vez más... no sabían la gran cosa más allá de que debían obedecer para sobrevivir y por ende, el caos pronto inició. Si bien eran niños dentro del rango de su edad, como máximo diez años, escuchó un grito desgarrador en su espalda y al voltear, vio como uno atacó a otro sin siquiera pensarlo, justamente porque todos allí sabían que debían obedecer para sobrevivir, ese temor, ese trauma, siempre existió entre todos y él no fue capaz de verlo.
Luego a la izquierda, a la derecha... gritos por doquier, caos, llanto, golpes, peleas y... allí estaba él intentando comprender todo hasta que uno de ellos se lanzó para atacarlo, sorprendentemente pudo esquivarlo bastante bien. Su padre, quien veía todo desde otra sala, sonreía... pues ni aquel sin nombre fue capaz de darse cuenta hasta ese momento, contra su padre no podía ganar, mas si peleaba con niños de ese rango de edad, era... demasiado fácil.
Sus lágrimas no dejaban de caer, estaba luchando o defendiéndose con la excusa de sobrevivir, ¿no es así?... al primero no lo mató, simplemente lo dejó inconsciente, justo en ese instante aquel infante recibió un disparo en la cabeza. La sensación de la sangre salpicar en su cara fue... algo que no pudo describir tomando en cuenta la adrenalina, debía matarlos sin dudar si no quería terminar de esa forma.
Fue así que, como era de esperar tras ser entrenado tanto hasta estar al borde de la muerte más de una vez, el único que quedó en pie era él, pero faltaba uno... su mejor amigo, su refugio. Miró alrededor y el chico estaba en una esquina, en pánico, temblando y cubriendo sus oídos, esa imagen creó un nudo en su garganta. Al acercarse, pensó que podían salir de ahí juntos, pero de nuevo, dos disparos fueron audibles seguidos del desgarrador grito de aquel chico, dos impactos en cada pierna para evitar que se moviera junto a la voz en las bocinas de ese cuarto que no paraban de ordenar una cosa, "mátalo".
Una y otra vez, luego miraba a su amigo quien no paraba de llorar. Por otro lado, sus propias manos temblaban, no sentía los cortes que había recibido de los demás, no sentía los cortes de sus propias manos al lastimarse a sí mismo tras apuñalar a los otros, temblaba de pies a cabeza, su mentón no dejaba de tiritar por la constante presión y su propio llanto era incontrolable. Su respiración aceleró de forma alarmante al estar hiperventilando, no sabía lo que debía hacer, el nudo en su garganta no lo dejaba siquiera pensar con claridad hasta que, irónicamente, las dos manos de su amigo tomaron las suyas cubiertas de sangre.
¿Cómo era posible que ese chico se pudiera preocupar por él más que por sí mismo?... al ver que su amigo sin nombre estaba entrando en pánico al hiperventilar, su propio llanto cesó tomando la mano con la cual sostenía el cuchillo, la alzó hasta que la punta del arma apuntara su propio pecho. Su pensamiento era simple, no quería verlo sufrir por la duda de acabarlo o no y por ende, optó el mismo acabar con semejante martirio.
El pelirrojo no pudo evitar que el cuchillo comenzara a enterrarse en el pecho de su amigo, la fuerza de su cuerpo no era suficiente para evitar que el otro fuese empujándolo más y más profundo, no podía ver con claridad pues sus ojos estaban borrosos de la cantidad de lágrimas que caían. La sangre de su amigo comenzó a caer por su boca, quien lleno de valor, seguía sonriéndole de una forma cálida, finalmente toda la hoja desapareció en el torso de ese chico quien no tardó en morir segundos después, en ningún momento dejó de sonreír siendo sus últimas palabras, "todo estaría bien"... ¿cómo estaría todo bien en una situación tan absurda?...
Lo último que recuerda, tras ver la muerte de su mejor amigo, es haber gritado con todas sus fuerzas una última vez hasta desgarrar su garganta, pensó que ya no habían emociones restantes, pero al parecer, ahí estaba desatando las últimas. Gritó y lloró soltando todo lo que contuvo en esos años. Ya no rezaba a dios por salvarlo y para que parase su sufrimiento, ahora; por primera vez, maldecía con todo su ser a esa maldita y puta existencia llamada dios, siendo esa entidad; la primera en recibir todo su odio absoluto.Al día siguiente, definitivamente no era el mismo... aquel fue su punto de quiebre máximo, no recordó de hecho gran parte de lo ocurrido, sin embargo; parecía incapaz de sentir con exactitud. La rutina no se detuvo, continuó igual que antes, la diferencia es que ahora su padre lo ponía a prueba con personas de mayor edad tomando en cuenta que lo suyo, con los chicos de su rango, podría haber sido considerada una masacre.
Peleaba con adolescentes, adultos y luego, su padre seguía dándole palizas de forma individual para que siguiera formándose como su "arma perfecta". Llegó un punto en el que las mismas personas que terminaba matando en esa batalla por sobrevivir, eran tratadas para el tráfico de órganos. Más de alguna vez fue él quien hacía el trabajo para extraer los más importantes, ganándose el primer apodo, pues fue conocido como "el carnicero". Aquel que mataba y de paso, les daba lo que necesitaban para traficar.

Tres años pasaron con esa misma rutina. Estudiar, pelear/matar como si fuera parte ya de un trabajo, recibir palizas de su padre, ser vendido e ir a su habitación, leer/estudiar, y dormir. Ni él se dio cuenta de cuando fue el momento en el que esperaba con ansias al día siguiente para meterse en la habitación en la que celebraban esa batalla de supervivencia, parecía ser un lugar en el cual podía liberar al estrés al cual ha sido sometido durante toda su vida, culpar a otro "inocente" de su mala suerte y destruirlo con sus propias manos desquitándose de ese modo... no sabe cuando fue que comenzó a disfrutar de ese tipo de violencia, cuando comenzó a sonreír por oír el grito aterrador de los demás, cuando comenzó a disfrutar por escuchar el sonido de los huesos rompiéndose, heridas abrirse, el ahogamiento por sangre... y por último, recibir heridas él mismo. No sabe como ni cuando, simplemente de un momento a otro, se percató de que ya tenía esa especie de retorcido gusto, un gusto que le hacía sentir vivo.Un año más tarde, cuando cumplió los doce, pudo derribar a su padre por fin en una pelea, aunque para ese entonces, ni él lo veía como hijo ni viceversa, solo lo veía como una mierda más de la cual debía deshacerse para ser libre, ese pensamiento lo impulsó a mejorar todo lo que pudiera. La diferencia está en que llevaba más de tres años luchando día tras día por sobrevivir en esa maldita sala siendo entrenado por su padre, quien estaba ya en estado retirado, al lograrlo, sabía que era el momento de... liberarse de una buena vez. No podía hacerlo tan confiado tampoco, si bien logró ganarle en un duelo, en una situación real, ese hombre siempre iba armado, un movimiento en falso y sería eliminado, por esa razón no tuvo mejor idea que hacer lo mismo que hicieron con él durante mucho tiempo, drogarlo. La pareja solía beber cuando estaban en casa y teniendo conocimiento previo de esas sustancias, no fue difícil usarla en la botella de vino para dejarlos en un estado semi inconscientes, quería que estuvieran al menos despiertos para que supieran que perderían la vida en ese instante y no mandarlos al otro mundo en medio de un sueño.
No se confiaba de la droga de todas formas y por eso, cuando los dejó en el suelo, le arrebató todas las armas al hombre con la que lo pudiera amenazar, partió primero con la mujer, aquella que debería haber sido una madre ejemplar, sin embargo; no fue más que una mierda que aprobó todo el abuso por el cual pasó. Una muerte lenta y tortuosa, cortes por allá, cortes por acá, desmembramiento y un sinfín de atrocidades, la mujer al parecer volvió en sí por un instante por la cantidad de dolor, pero... ya era demasiado tarde, ¿qué podía hacer cuando ya no tenía brazos casi? fue la prueba de fuego, asesinar a su "madre" significaba dar un paso más allá, en ningún momento sintió duda de lo que hacía. La mujer no hacía más que maldecirlo por su existencia hasta que... se murió, maldiciéndolo. Algo que lo hizo reír de un extraño modo... ¿complacido?
Luego fue el turno del hombre, su destino no fue diferente al de la otra, cortes, torturas, desmembramiento, la diferencia es que esta vez lo hizo con un cuchillo sin filo... el trabajo que tuvo que emplear para lograrlo fue increíble, pero creía que hacerlo con una hoja afilada, sería demasiado benevolente para ese hombre. Pese al dolor, ese hombre no dejó de sonreír de una forma enferma, parecía estar contento con la aberración o el monstruo que había creado. La escena era un desastre, el aroma metálico dominaba ese cuarto, la sangre con la cual estaba cubierto él, el suelo y la pareja, no hacía más que demostrar la brutalidad del crimen.
Lo último que le hizo a su padre fue cortarle el pene y ponérselo en la boca, la cabeza quedó por ahí. Una "venganza" y odio generado por los hombres que tanto han abusado de su cuerpo.
Antes de abandonar ese hogar, tuvo el detalle de escribir con cada órgano posible del cuerpo de esos dos, el inicio del final. "Adiós, carnicero".
Nadie supo lo que ocurrió en esa casa, nadie pudo averiguar quien fue el culpable de un crimen tan atroz, no habían registros del nacimiento de un niño en ese hogar y por ende, nadie imaginaría que alguien de doce años era el responsable de todo. Al ser un militar retirado, las mismas autoridades decidieron tratar el tema por debajo de la mesa para no levantar alarmas que asustaran a los demás.
No se llevó absolutamente nada más que la ropa que llevaba puesta, no había dinero con el cual poder comer, más de una noche se vio obligado a comer de la basura, pero... ya era normal si en esa casa con suerte le daban algo para vivir. Tras entrenar tantos años, su cuerpo tenía una excelente figura aunque tuviera doce años, difícil no fue comenzar a "venderse" pese a que al final, no ocurría nada, tras ser tanto tiempo abusado y abandonar su hogar, la decisión de que jamás dejaría que otro hombre lo tocase de ese modo, fue tajante. Sin embargo, llegados al momento, les robaba el dinero y terminaba acabando con la vida de esos cuando en teoría, al menos para ellos, iniciaría lo mejor. Su marca era siempre la misma, sin siquiera una pizca de duda, cortaba el pene de cada uno y se los ponía en la boca... sabían que existía una persona que cometía dichos crímenes, solo que nunca pudieron dar con el culpable pues nunca expandieron el círculo de investigación hacia alguien de doce años.
En la calle aprendió muchas cosas, fueron dos años en los que hizo un sinfín de cosas más, dos años en los que siguió haciendo de las suyas, siempre que estaban cerca de llegar a la conclusión de que un niño era el culpable de todo, decidía detener sus actos aunque ya estaba entrando en la adolescencia. Conoció a personas que estaban en posiciones similares a la suya, fueron abusados y maltratados guardando un profundo odio hacia los culpables... ahí fue donde más aprendió que podía transformar el odio en fortaleza. En su casa aprendió y estudió sobre todo lo que pudiera manejar su cerebro, leyó libros de finanzas, idiomas pese a que jamás pudo ponerlos a prueba, estrategias diversas, sociedad... todo para ese día en el que recuperaría su libertad, tras lograrlo, habían dos cosas que por alguna razón, necesitaba para sentirse tranquilo.
La primera era el deseo de conflicto o violencia, tras pelear todos los días con la intención de sobrevivir, se convirtió en una adicción, necesidad de la cual no podía abandonar de un día para otro.
La segunda... el sexo. Darse cuenta que necesitaba de ello fue algo impactante, en el fondo, odiaba el sexo cuando se trataba de estar con los adultos y cumplir sus malditas fantasías, pero al parecer; el gusto yacía en ser él quien dominaba, someter y humillar. Haría con todos lo que hicieron con él y eso, le emocionaba.
Dos cosas diferentes, pero que al parecer, le hacían sentir vivo.
Para saciar ambas cosas, existían dos problemas. No podía pelear libremente, pues nunca fue consciente de lo que significaba una especie de entrenamiento militar hasta que estuvo en la calle... cada vez que peleaba, el vencedor era él, no importaba con quien, sin embargo; un chico de diecisiete años, logró ganarle una vez y luego, tras la venganza; él salió victorioso. Una victoria y derrota para cada uno... fue la única persona que "respetó" y viceversa, naciendo una especie de compañerismo, ese chico parecía ser un experto en artes marciales y ambos, pulieron las falencias del otro, le enseñó artes marciales, llaves y él, le enseñó otras cosas.
En cuanto al sexo... era demasiado difícil alcanzar un clímax y cuando lo conseguía, seguía igual de duro, ¿será por culpa de tener tantas relaciones desde que tiene memoria? la dificultad para alcanzar el placer de forma real o tener que esforzarse mucho más para alcanzar su satisfacción era algo que no todos podían soportar. Su confianza en el sexo era particular, pues pese a tener casi quince años, no se avergonzaba en lo absoluto de lo que tenía entre las piernas, todo lo contrario; su tamaño estaba más que bien e incluso, lograba sorprender a algunos.
Al poco tiempo de cumplir los quince, desconoce como o cuando fue que lograron atraparlo y someterlo. Lo único que recuerda, tras despertar, es estar en ese... orfanato.
¿Alivio o temor?... ninguna de las dos, pensó que por fin había sido atrapado por la policía tras tantos crímenes que hay a nombre de su existencia, sin embargo, parecía que una vez más lograba librarse de la ley siendo internado en un lugar como ese donde puede, hasta cierto punto; actuar con libertad.
Es así como iniciaría la historia de un genio o prodigio que pudo haber ayudado de forma increíble a su nación, de no ser por un retorcido padre que lo educó en el infierno.


Personalidad

Enriquecido con una personalidad moldeable de acuerdo a sus propios intereses. En términos generales, se caracteriza por ser un chico calculador, déspota, caprichoso y sin sentimiento o apego alguno hacia algo u otros.
Todas sus acciones tienen una razón de ser, cada acción va dedicada únicamente a beneficio propio, su personalidad es moldeable justamente porque se adapta en base a sus anhelos, si quiere ganarse la confianza de alguien, puede actuar como el ser humano más cálido y cercano que pueda necesitar en ese instante. Si debe castigar, puede convertirse en el mismo demonio materializado en la tierra dispuesto a mostrarle el mismo abismo.

Datos Extras

- Es un ser caótico de pies a cabeza, incapaz de comprenderse a sí mismo en diversas situaciones, un detalle que lo entretiene. No comprender sus acciones del todo, pero seguir adelante, confiando en el final del resultado.- Caprichoso en su máxima expresión, lo que quiere, lo consigue no importa el tiempo que deba tardar en lograrlo. Persona u objeto, si lo anhela; será suyo.- Benevolente con los que siguen sus órdenes y lo respetan, déspota con los rebeldes que suelen faltarle el respeto.- El caos de su cabeza es único, la locura en la cual ha caído es algo incomprensible. Sin embargo, su peligrosidad yace en que sabe perfectamente como pasar desapercibido en la sociedad como una persona normal y decente.- Ya sea por entrenamiento o una condición obtenida bajo la presión de aquel que fue su padre, es ambidiestro. No le es ningún problema usar ambas manos para hacer cualquier cosa.